Del vinilo al Spotify. Divagaciones de un DJ de Barcelona treintañero

Mis primeras adquisiciones musicales nunca las olvidaré

  • El primer cd que compré: “Promises and lies” de UB40 seguido del “Get a grip” de Aerosmith
  • Mis primeros vinilos (“1999” de Cassius y “Paradise” de Bob Sinclar)
  • Podría afirmar que el primer cassette que recuerdo en mis manos fue la B.S.O. de El libro de la selva al que siguió “Bad” de Michael Jackson.

 

Derechos de foto de Unplash - Luke Chesser

Derechos de foto de Unplash – Luke Chesser

 

Pero curiosamente y por mucho que ponga a trabajar la memoria a corto plazo, largo, episódica, asociativa, reencarnativa o lagunativa, no logro recordar cual fue la primera canción o disco que me descargué de cualquier programa peer to peer o streaming que haya utilizado. Eso sí, los nombres de los programas sí que los recuerdo muy bien. Primero Kazaa, seguido del Soulseek cuando me interesé más por la música electrónica, el posterior Emule, Torrent o actualmente Spotify y Soundcloud.

Mi reflexión es la siguiente…

Siendo los programas de descarga gratuita una opción para consumir música posterior al cd y por supuesto al vinilo y cassette, ¿Por qué recuerdo con mucha mayor facilidad aquella música que adquirí de forma física que la que obtuve digitalmente? Muchos podríamos decir que el precio juega un papel clave pero ¿En serio recuerdas con tanto detalle algo por lo que no has pagado? Además, la sesión Premium de Spotify también cuesta dinero y tampoco sería capaz de recordar el primer disco que escuché.

Un ejemplo clarísimo es el de la fotografía

tumblr_mrnmjrd9xj1sfie3io1_1280Cuando hace muchos años, el acceso a una cámara fotográfica y por tanto a la obtención de una fotografía era solo para las clases ricas, el valor de la misma era mucho mayor, más valioso. Más exclusivo. Al haber pocas cámaras, la fotografía era algo que tenía mucho más valor. Ello se suma a que la accesibilidad a la música en internet en sus inicios tenía lugar en casa, un entorno muy habitual y poco original y choca frontalmente con aquella regla básica de la psicología que afirma que cuanto más original es un estímulo, más fácil de recordar en el futuro.

¿Qué es aquello que hace que la cantidad de información que nos proporciona la era digital pierda su valor tan fácilmente?

Y no me refiero a términos legal – ilegal. Ni gratis – pago. Me refiero a que, desde que existe el mundo digital y con él la extrema facilidad para conseguir aquello que queremos y desde casa, en general el lugar más anodino y menos recordable por su originalidad, quizá el mayor inconveniente no sea económico sino el valor que tiene el mismo contenido en sí y del esfuerzo (a cualquier nivel) que ha costado obtenerlo.

Lo que hace que algo tenga valor es un conjunto de elementos circunstanciales e intrapersonales combinados para generar un recuerdo único y persistente a lo largo del tiempo. Lo que hace (para mi) que la adquisición de algo sea recordable o incluso memorable es:

1. El deseo previo, que cultiva el recuerdo de aquello que no puedes conseguir, ya sea un disco, un título o un chico/a.

2. La dificultad en conseguirlo ya sea económica o logística.

3. Experiencia de compra o adquisición. Porque no es lo mismo conseguir algo a golpe de click que tener que coger el metro, darte un paseo por las Ramblas, entrar por la carrer Tallers con la paga escondida en la doble costura de los calzoncillos (a los 13 años y en los años 90 había que ir con cuidadín en el centro de Barcelona), vivir el ambiente de una calle llena de tiendas de música y un collage de tribus urbanas y conseguir tu disco, cd o cassette en un bullicioso y oloroso ambiente con la música de Nirvana a tope. Esa experiencia de la que únicamente han quedado algunos recuerdos como Revolveruna de las únicas tiendas todavía en pie o películas como “Alta fidelidad” (High Fidelity, 2000), donde las tiendas de discos son casi un personaje más.

High_Fidelity_poster

Y qué curioso que en el año 2015, lo único que haya sobrevivido al paso del tiempo hayan sido el primer formato y el último. Vinilos y música digital es lo único que consumo ahora mismo y lo único por lo que pago. Uno por nostálgico e imperfectamente perfecto y el segundo por cómodo, variado y técnicamente perfecto.

Acabo el post apropiándome de una de las mejores frases de la película:

“¿Escuchaba música pop porque estaba deprimido, o estaba deprimido por escuchar música pop?” para cambiarla por: ¿Descargaba música pop porque estaba nostálgico o estaba nostálgico por descargar música pop?

Y como los vinilos no los puedo compartir por aquí, os dejo nuestro perfil de Spotify, donde intentaremos seleccionar canciones de las inolvidables.

Spotify de BeMyDj

 

¿Y tú? ¿Te acuerdas de tu primer vinilo, cassette y CD? Compártelos conmigo en los comentarios 🙂

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