Descripción

Manuel Claudio nació a finales los setenta preconstitucionales, miró con fascinación a los punks en los ochenta, hizo botellón en los noventa, se lo gastó todo en discos en los dos miles y se dedicó a pincharlos en la década siguiente, en vinilo cuando no le duele la espalda, en formato digital cuando hay peligro de ventisca.

Absurdamente dedicado a la música y dando buen nombre al diletantismo, su militancia en diferentes bandas y sus años de nocturnidad merecidamente sin secuelas le han proporcionado un bagaje que consigue lo impensable: punks bailando merengue, indies practicando el wall of death, matrimonios de colegiados renunciando al qué dirán y equidistantes musicales poniendo el Shazam a echar humo. El truco: tener presente que a partir de los sesenta todo fue a peor para molar más; el arma secreta: reproducir los temas aumentando el pitch en una magnitud equivalente al porcentaje de alcohol en sangre de la audiencia. Aquí tienes una muestra de su trabajo:

Locales de Granada como Planta Baja o Lemon Rock aún son testigos. También lo han sido el bar Saico en incontables noches gloriosas, paradisíacos chiringuitos de playa o el festival Pin Up, así como infinidad de bodas, de las estándar y de las pretendidamente alternativas. Rocanrol, yeyé, surf y garage. Cumbia, mambo, boogaloo y merengue. Revival noventero y disco del espacio exterior. Vampisoul, Electro‐Harmonix, Crypt y Meco. Vinilos de vitrina y descargas punibles.

Y como todo sea por divertir a España, Manuel Claudio también ha popularizado su particular “Psicokaraoke”, un sound system para amantes del micrófono que no entiende de catálogos, listas ni derechos de autor, y que casi siempre acaba en conga o con improvisadas vedetes lesionadas.

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